Ando perdido en un mar de simplezas, las asperezas de tus verbos imperativos me intimidan, pero sigo ahí, al otro lado del ocaso de tu cuerpo, donde el límite se difumina, donde la luz dibuja siluetas que juegan con la sombra de tu silencio, de tus espasmos espontáneos, de tus deseos oscuros, tan oscuros que cualquier tipo de oscuridad los ilumina, los hace callar, encallar en las rocas del olvido. Es triste ver que algo con la potencia de la eternidad es tan frágil ¿Verdad?, algo que parece tan fuerte se derrite a golpe de latidos, quizás porque la fuerza sólo reside en el recuerdo, o quizás porque esos impulsos son de un corazón que lleva otro tempo... No será hoy, tristemente volví a ganarte esta partida, pero soy paciente, sé que no puede perder siempre aquél que siempre lo intenta