Deshilemos los segundos, por las noches que pensé en dejarlo,
por las veces que creía hallar respuestas acertadas en palabras disfrazadas, en
miradas de espejismos y mentiras. Ocultemos los agravios de las métricas mal
encajadas, de los sonidos desafinados de tus pasos, que se curvan en el
intelecto resonante de mi memoria. Ocultemos las verdades, tras sonrisas
desafortunadas que huelen a ayer, que se colorean del tono gris con el que la
tristeza tiñe lo que toca, lo que hace suyo, lo que roba a la felicidad consumiendo
cada célula de recuerdo como un cáncer incurable de miseria. Olvidemos aquello
que nos hizo fuertes, que nos unió, y que ahora nos separa en un cruce de
tonalidades distintas, de alturas dislocadas, de descubrimientos obscenos que
muestran un cambio de rumbo propulsado por la disociación entre la palabra y el
acto. Olvida lo que fuimos, lo que quisimos ser, porque el abismo que separa el
inicio del futuro al que apuntan tus ojos ya es insalvable.