Hoy el día supo a desilusión, a suspiros exasperados, a
desesperación inesperada. Hoy el día huele a melancolía, a un despertar a las cinco
de la mañana por culpa del camión de la basura, a un rayo de sol a las tres de
la tarde de un verano que eterniza, que no muere, que camina impasible ante
cualquier rechazo. Hoy confundí tu sonrisa con el frío de mi piel, con el crujir
de mis dedos, con el mareo y el dolor de cabeza que me producen el parpadeo de
la vida, que torna en muerte lo que toca, que devuelve a la sombra a todo
aquello que no hace mucho tiempo fue luz. Pobre ilusión incompleta, llena de
quiebros inacabados, de líneas desiguales que dibujan una figura etérea,
efímera, carente de sentido, sonriente como tú, al otro lado del cuaderno.
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