domingo, 29 de marzo de 2015

El color de los elefantes

Nunca supe que los elefantes eran grises, que las chicas guapas mentían, o que la única verdad sobre la amistad es que no es para siempre. Yo los veía con sus orejas gigantescas, salpicando con el viento a las moscas que intentaban medirse con su adversario, un adversario que les venía grande. Yo nunca supe que los elefantes eran grises, los miraba y los volvía a mirar, esperaba a que se durmieran, me despertaba soñando con que la luz que bailaba sobre su gruesa capa de piel me revelaría el color con su reflejo. Estaban ahí, con su trompa, con sus patas como palmeras bailarinas, con sus colmillos retorcidos en una sonrisa burlona, que se hacía grande por mi ignorancia. Nunca supe que los elefantes eran grises, y por un tiempo pensé que no importaba saberlo, al fin y al cabo la felicidad no radica en el color de un elefante, ¿O sí? quizás era pronto para saberlo.