Podría haberla amado, pero ella no pudo entenderlo… Podría
haber trenzado mi saliva entre los poros de su piel cada noche, aprender a acurrucar
cada sueño entre las trazas de su sonrisa, entre el frío de sus manos desnudas,
a destellos, a golpecitos de silencio, como resbalan jugueteando unas gotas sobre
el cristal en una triste tarde lluviosa de primavera… Podría haberla olvidado,
porque no necesitaría recordar aquello que deseo si cada noche volviese a su
cuerpo, a su mirada, a sus latidos que golpean impasibles los pechos que no me
canso de desgastar con la mirada. Podría haberla hecho feliz, si la felicidad
consistiese en un sudor compartido, en un inagotable cruce de miradas sabias, en
un murmullo de palabras desnudas, silenciosas, que hacen despedirse triste a
cada noche, dejando paso a un día con prisas por empezar a brillar. Podría haber
sido diferente, pero no pudo…
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