Estoy cansado de ti, de tus labios que no besan, de tus
palabras que no dicen nada, que no cesan, que se clavan, que encallan entre
rocas de tristeza, de ignorancia perpetua, desmesurada, casi insultante. Estoy
cansado de ti, tan cansado que vomito en silencio los recuerdos de tus manos,
de tus gestos medio sonrientes, de tus ojos penetrantes que buscan más allá de
lo que soy, llamando al pasado en una combinación inquietante de circunstancias
dolorosas. Estoy cansado de ti, de tus exigencias constantes, de tus
anocheceres encontrados que me persiguen gritándome que no cumplí con lo de
hoy. Estoy cansado de ti, de tu altura de miras, de tus sueños inalcanzables
que se mezclaron con el explosivo de la necesidad, convirtiéndose en una bomba
de relojería que espero que estalle pronto. Estoy cansado de ti, tan cansado
que tu reflejo ya me asquea, tan cansado que sólo abrir los ojos sabe a
tristeza, a la tristeza mañanera de un nuevo día que me llama a golpe de
responsabilidad, de cosas que ya no importan.
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