lunes, 13 de junio de 2011

Corre

Es difícil, nadie dijo que fuese a ser sencillo… Cada pisada cuesta más que la anterior, los pulmones gritan ahogados, porque el aire que les llega se les antoja insultante, el corazón late, con fuerza, resonando por la paredes capilares como los tambores de una guerra que no acaba, que no para, que se extiende más y más con cada zancada, con cada gota de sudor que nace y muere en un instante. Los dientes se abrazan, como intentando retener el aire que llena de vida ese cuerpo cansado, que no puede más, que pide detenerse… Ese es el momento, la hora, el segundo que define toda una vida, un segundo que nos sitúa en la mediocridad o en la excelencia… Muchos abandonan, se paran, caminan unos pasos resoplando, mientras intentan convencerse a sí mismos de que era imposible, de que lo han dado todo, de que mañana tendrán otra oportunidad… Otros, sin embargo, saben que no pararán, que esa lucha constante por llegar a ser quienes quieren ser, comienza ese día, en ese instante, en ese minuto, no esperarán a mañana, no esperarán a la semana que viene, no esperarán a volver a tener fuerzas para intentarlo. Los he visto, en sus miradas duerme un tipo de fuego que haría tambalear las paredes del mismo infierno, en su interior ya no hay miedo, tan solo piensan en el siguiente paso, en el siguiente segundo, en ese momento que los sacie y que los haga sentir invencibles. 

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