Me iré, a donde no quede nada, a donde tu voz no llegue, donde no manche mis papeles con tu cuento de hadas, donde sobran tus balas con las que mi piel se hiere. Me iré mañana, para convertir en estrella a este actor secundario, a donde sobran horarios en cuerpos vencidos, como un legionario que se retira herido y su sangre todavía emana. Me iré a donde no acaricies mis oídos, con el deseo de convertirme a la religión ortodoxa de tus labios, sí, me iré mañana. No volveré, porque volver significaría recordarte, porque volver sería de valientes y tu amor ya me convirtió en cobarde, como un niño que llegó tarde y aún no sabe que es la suerte. Dulce piel que nunca olvido, azarosa llama que ya abatido me sigue quemando como la primera vez, ¿De quién fuiste cruel destino?, ¿De quien huiste maldito ser?, más no por placer fui convencido y hoy el camino es ayer y el ayer ya está vivido, en este lívido papel, que llora por estar contigo, aún más por estar sin ti, que desangra ese carmín, negro de su fino ombligo, para dejar el testigo a quien lo quiera leer, que ya olvidó a sus amigos, que se niega a ser feliz, que la palabra vivir se le antoja como un castigo que ya no quiere ni ver, hoy me olvidaré de ti, mañana aún no lo sé.
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