Hoy solo tengo ganas de ti, pero tus ganas son otras, hoy mi mente no para de nombrarte y mi orgullo aprieta los dientes porque no tiene manos con las que darle un guantazo. A veces perdemos el norte apostando a un norte falso, creyendo que la felicidad se encuentra bajo la falda de una sonrisa que nos cautiva, que nos ilumina con su falsa claridad, que nos envenena hasta el extremo de aceptar la muerte como alternativa. Con lo sencillo que es la vida, tan sencillo como respirar, eso que tanto me cuesta hacer ahora, como si mis pulmones llorasen y no tuviesen forma de vaciar sus lágrimas, quedándose en mi interior, haciendo que note el peso. Siempre he creído que hay algo mucho peor que llorar con los ojos, pues al fin y al cabo llorar no es más que soltar lágrima a lágrima el dolor que acaricia con fervor nuestro interior más débil. Nada duele más que llorar con el alma, tal vez porque se queda dentro, tal vez porque ese tipo de lágrimas nunca se gastan, siempre quedará una lágrima más cuando el alma esta triste, siempre quedará un suspiro más que darle, un abrir y cerrar de ojos que ofrecerle, unas manos que recorran el camino hacia la cara para taparla y una certeza de que nunca será suficiente.
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